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jueves, 23 de mayo de 2013

Para saber más...



     Mi siguiente entrada está dedicada a la web de Picasso Administration que me parece imprescindible no sólo como fuente de recursos para el estudio de Picasso sino también para conocer la situación actual de la obra y las exposiciones del artista.


     Uno de los primeros apartados que nos llaman la atención cuando entramos en la web es Ojo el journal donde se publican artículos en torno a la obra de Picasso y novedades en cuanto a inauguración de exposiciones. En concreto, en el número de marzo de este año, Conxita Boncompte Coll estudia el dibujo de Picasso Payesas de Andorra  como una síntesis entre las vivencias previas de Picasso antes de su viaje a Gósol en 1906 y sus experiencias vividas allí, como el punto de partida que luego le permitirá a Picasso realizar Las Señoritas d'Avignon.

     En el apartado Derechos se especifica en qué consiste La Succession Picasso, cómo funciona y los trámites necesarios que se han de realizar para obtener la autorización necesaria para poder reproducir las obras de Picasso.

     Una de las partes más interesantes de la web es la referida a Obras en ella encontramos la genealogía y biografía del artista, así como un mapa donde se especifica los estudios o talleres del artista en diversos países de Europa, acompañado de una breve información al respecto
.


     También destaca El Blog Atmosférico. Aunque, en este caso, el contenido sólo está disponible en francés, es interesante ya que actúa como medio de difusión de breves noticias referidas a la obra de Picasso. El Blog está dividido por temáticas: obras, escultura, pequeñas historias (anécdotas de la vida de Picasso;), comprender la pintura (donde se hace referencia a publicaciones sobre la obra de Picasso), Picasso y los Maestros, el Museo Picasso de París y exposiciones. Por ejemplo, en septiembre de 2011, se hicieron eco de la polémica en torno a la instalación del Guernica en el País Vasco e informaron sobre la inauguración de la exposición en el Museo Jacques Chirac de Sarran (Corrèze) de 42 estudios preparatorios del Guernica.



     Otro de los apartados imprescindibles es Ver y saber donde la web proporciona información actualizada sobre las distintas exposiciones de la obra de Picasso en el mundo, por países y por fechas. También hacen una selección de todos los museos que cuentan con obra del pintor malagueño, una selección de bibliografía básica sobre la vida y obra del artista, anuncian subastas y una serie de recursos entre los que me interesa destacar la Agence photographique[1], que cuenta con un catálogo online de imágenes de obras de arte conservadas en los museos nacionales y regionales franceses.

     Por último, cabe destacar Los archivos donde se recogen una serie de vídeos creados con motivo de la inauguración de algunas exposiciones y artículos que publican investigadores en torno a Picasso. Además también se recoge un apartado en el que se relatan anécdotas de la biografía de Picasso.



     Espero que este breve recorrido a través de los contenidos de la web Picasso Administration os anime a profundizar en ella y a utilizar algunos de los múltiples recursos que ponen al alcance de todos. 



[1] Podéis acceder a la página a través del link del apartado “Webs de interés”

Picasso frente a la cámara



     En ocasiones anteriores hemos hablado de cómo el automatismo y la improvisación son características básicas de la imagen de genio creador construida en torno a la figura de Picasso. Características que conocemos gracias a testimonios de sus contemporáneos y, sobre todo, gracias a las fuentes gráficas que conservamos. Entre éstas destaca la película documental El Misterio Picasso, rodada en 1956 por el director francés Henri-Georges Clouzot, una de las pocas ocasiones en las que artista malagueño se puso delante de una cámara.

     El documental se plantea como un intento de descubrir cómo se desarrolla el proceso creativo del artista, la evolución de la obra hasta alcanzar su versión final. Como hemos ido estudiando a lo largo de este blog, Picasso controlaba hasta el detalle la construcción de su imagen pública y este documental le permitió profundizar en algunas de esas cualidades que potenciaba.


      Aparece el artista en su taller, a oscuras, ante sus obras, con una luz tenue que incide en la superficie de la obra mientras que mantiene a la figura del pintor en semipenumbra. En algunas ocasiones, no sólo relega la figura del creador a un segundo plano sino que la elimina casi completamente. A través de ese juego de la transparencia la obra parece surgir de forma independiente, por sí misma.



      En ese juego de creación pictórica, el pintor aparece sentado en el suelo, semidesnudo, con las piernas cruzadas… haciendo clara referencia a esa noción del artista como chamán, como ejecutor de un ritual de naturaleza mágica y misteriosa. La cámara, y con ella el espectador, penetran en la cueva del artista que les muestra los secretos de su arte. La estética del “documental”, incluso su propia caracterización como documental, está muy cuidada y pretende transmitir una imagen clara de cómo trabaja y cómo se concibe la noción de genio.

     Picasso se divierte modificando su obra conforme se materializa, como si él mismo se tratara de un simple canalizador. Mantiene la atención del público realizando cambios inesperados que hablan de un final incierto, imágenes que se superponen para crear otras distintas en una evolución infinita que sólo el pintor es capaz de concretar. A este respecto me parece imprescindible destacar la última obra que realiza en el documental donde juega con las variaciones dentro de la obra, la modifica, introduce el collage, lo elimina… hasta que descubre una composición que le satisface y entonces declara: “Ahora que ya sé, más o menos, donde estoy, cojo un lienzo nuevo y empiezo de nuevo” (video 4).[1]

  A este respecto, me ha parecido interesante comparar el documental con un extracto del documental que François Campaux realizó sobre Matisse en 1946. Mientras que Picasso se convierte en el ideal de genio creador, con un fuerte carácter, impetuoso, impredecible… Matisse se retrata como el ideal de pintor reflexivo, sus pinceladas son rápidas pero fruto de una intensa reflexión previa. En algunas de las fotos que se conservan del taller de Matisse podemos ver cómo para alcanzar esa síntesis de sensaciones, esa expresión del espíritu interior del artista. Matisse dibuja, coloca los modelos en la pared, los contempla directamente, a través de un espejo y, a través de toda esa reflexión llega a una conclusión.


     Es una imagen muy diferente de la del "genio" creador en Picasso, donde la reflexión  forma parte del proceso práctico de creación, convive con la intuición y la improvisación. Quizás ese fuera el motivo que le llevó a no plasmar en palabras lo que quería decir con su pintura, ese temor de que al expresarlo por medio de la palabra perdiera una parte de ese aura mágico e inexplicable que le rodea. 
               

[1] Podéis consultar algunos fragmentos de El Misterio Picasso y del documental de François Campaux sobre Matisse en el apartado “Picasso en video” del blog. 
sábado, 18 de mayo de 2013

"Cézanne, mi solo y único maestro"



     “¡Si conoceré yo a Cézanne! ¡Ha sido mi solo y único maestro! Aciertan ustedes si piensan que he analizado a fondo sus lienzos… He pasado años estudiándolos… ¡Cézanne! Era como el padre de todos nosotros. El era quien nos protegía…”[1] Con esa convicción expresaba Picasso el profundo vínculo que compartía con el pintor francés cuya fama y prestigio había aumentado progresivamente en los años posteriores a su muerte.


      Aunque antes de su muerte a Cézanne ya se le adjudicó una sala de exposición propia en el Salón de Otoño de 1905, fue tras    su fallecimiento en 1906 cuando se empezó a valorar su obra. Su primera exposición individual se produjo ese mismo año, en la Galería Bernheim Jeune, y en el Salón de Otoño de 1907 tuvo lugar una gran retrospectiva, que coincidió con la publicación de su correspondencia con Émile Bernard.


      Desde esos primeros momentos, se hace evidente el deseo que Picasso mantuvo durante toda su vida de vincularse al artista francés. Incluso intentó, en numerosas ocasiones, lograr la aprobación de Ambroise Vollard, quien había sido galerista de Cézanne.

     Picasso siempre creyó mantener una profunda conexión con el maestro francés, conexión que iniciaba con la identificación de sus propios nombres. Picasso convirtió a Cézanne en su maestro, en una figura paternalista que, a través de su propia experimentación, habría iniciado el cambio hacia una nueva experiencia estética. Vinculándose a Cézanne, Picasso intentaba introducirse dentro de la estela cezanniana y encontrar un punto de apoyo a partir del cual               desarrollar su propia experimentación.


     Cézanne organiza la composición de sus cuadros creando una perspectiva ambigua, lo que Merleau-Ponty denomina la “perspectiva vivida”, real, que cambia cuando el ángulo de visión del espectador varía. De esta forma, Cézanne eliminaba la noción tradicional de la perspectiva única y plasmaba “la suma de perspectivas de una escena que se habían acumulado en su subconsciente durante mucho tiempo”. En el caso del Picasso cubista, ese distanciamiento con respecto a la perspectiva única, le lleva a desarrollar la simultaneidad espacial que no es sino un paso más en la representación de la realidad.
                             
 Picasso, Composición con calavera, 1908 
          
Cézanne, Naturaleza muerta con cráneo, 1896-98

     En ese sentido, Picasso y Cézanne también comparten ciertas similitudes con respecto a su concepción de la pintura y, sobre todo, con respecto a su valoración de la actividad pictórica. Ambos artistas juegan con la idea del pintor como creador solitario, prefieren el diálogo directo y privado con la obra. Es conocido que Cézanne no permitía a nadie el acceso a su taller mientras pintaba y Picasso va a adoptar ciertos rasgos de ese ritual de la creación pictórica.
    Pese a sus similitudes, mientras que Cézanne empleaba una forma de trabajar más reflexiva y pausada, Picasso siempre prefirió la espontaneidad, la inmediatez y la improvisación, nociones que se reforzaron en sus relaciones con el Surrealismo. Cézanne era un pintor reflexivo, tardaba numerosos días en finalizar sus cuadros, su proceso de creación era tan pausado que en muchas ocasiones, mientras pintaba, presenciaba la putrefacción de la fruta que empleaba en sus bodegones. En Picasso siempre está presente la idea de improvisación, de cambio. La obra cambia conforme la ejecuta, tal y como se puede observar claramente en las fotografías que documentan la creación del Guernica. En ese caso, el pintor introduce modificaciones sobre el mismo mural, modificaciones que hablan de una obra en constante movimiento, en constante cambio, en constante evolución.

     En conclusión, pese a sus diferencias, es evidente que Picasso admiró siempre la obra de Cézanne e intentó adoptar el papel de sucesor del gran maestro francés. No podemos saber si fue fruto de su deseo de aprovechar la estela de Cézanne para lanzar su propia carrera artística o fruto de una sincera admiración por el artista francés, seguramente ambas opciones tuvieron un peso importante en la decisión de Picasso de mantenerse siempre tan cercano a la figura de Cézanne.



[1] Brassaï, Conversaciones con Picasso, Madrid, 1966, p. 108

lunes, 1 de abril de 2013

La importancia de ser español


   
     Retomando lo comentado por mi compañero, Picasso siempre fomentó su imagen de español. Tanto él como su círculo más cercano incidieron mucho en la cuestión de sus orígenes y la influencia de éstos en su obra. El típico “carácter español”, concebido a partir de estereotipos y un imaginario de corte romántico, va a servir al artista español para añadir excentricidad a su obra y a la imagen de sí mismo que tanto esfuerzo dedicó a construir.  




     En este sentido no sólo destacan las propias actuaciones del artista para identificarse con el prototipo de hombre español sino también las aportaciones de algunos de sus contemporáneos.

     En su artículo de La Plume, Apollinaire incide en esa idea de “lo español” como un rasgo primordial y característico del Picasso artista, recurre a esa tradición andalusí para añadir un mayor exotismo a los orígenes y al carácter del artista: “Viene de lejos, de las riquezas de composición y de la decoración brutal de los Españoles del siglo XVII. […] Él mismo se ve más latino moralmente y más árabe rítmicamente.”[1]

     De forma similar, Gertrude Stein, en su libro Picasso, habla de “lo español” como algo que formaba parte del artista, que influía en todos los aspectos de su vida y obra. Stein habla de una influencia cultural, moral, psicológica… que se reforzaba durante sus estancias en España y se difuminaba mientras el artista permanecía en París  Aunque Picasso residiera en París fundamentalmente, eran sus viajes a España los que provocaban que “el temperamento español se adueñara otra vez de él”, como afirma la propia autora. Cuando Stein habla de esas etapas de distanciamiento con respecto de “lo español”  lo denomina así, distanciamiento que no abandono o rechazo. No, para Stein ese carácter español va a ser una de las condiciones gracias a las cuales Picasso se habría convertido en uno de los grandes artistas del siglo XX. Stein afirma que tenía que haber sido necesariamente un español y no otro quien lograra desarrollar el cubismo:

 “Los españoles saben que no existe la concordancia, ni del paisaje con las casas ni de lo redondo con el cubo, ni de lo mucho con lo poco, y es natural que fuera un español quien lo expresara en la pintura del siglo XX, el siglo en el que nada concuerda, ni lo redondo con el cubo, ni el paisaje con las casas, ni la cantidad grande con la cantidad pequeña.”[2]

     En este sentido, el tratamiento del estereotipo de “lo español” en Stein se vincula con dos aspectos: por un lado, con la tristeza y la monotonía del colorido que, según la autora, impregnan el paisaje español:

“España no tiene nada de sureño, es oriental, las mujeres suelen vestir más a menudo de negro que de colores, la tierra es seca y de color oro, el cielo es de un azul cercano al negro y también las noches estrelladas son negras o de un azul muy negro, y el aire muy luminoso, así que todo está dominado por el negro.”[3]

     Y, por otro lado, con ese exotismo islámico, ese encuentro pacífico y simbiótico de Oriente y Occidente. “Por supuesto que él es español, y un español puede asimilar Oriente sin imitarlo, puede conocer lo árabe sin dejarse seducir, puede repetir lo africano sin dejarse engañar.”[4]

     Stein trata de lo peculiar de la visión de Picasso, de esa nueva mirada como si se tratara de algo ajeno a lo europeo y propio de lo español. Incluso recurre a la tradición quijotesca para ejemplificar ese mirar excepcional que busca expresar las cosas según una visión personal, individual, como contraposición a la representación de una visión universal. Stein vincula esa visión española con la estadounidense al afirmar que ambas naciones comparten ciertos rasgos como el no necesitar “de la religión o el misticismo para no creer en la realidad como la conoce el mundo, si siquiera cuando la ven. Para ellos la realidad no es real, y por eso existen los rascacielos y la literatura estadounidenses, así como la literatura y la pintura españolas.”[5] Esa mirada común habría unido las dos naciones y justificado la admiración que la obra de Picasso suscitó al otro lado del Atlántico.

     En conclusión, la Europa de principios del siglo XX mira a España desde un prisma singular. Ese ideal de convivencia entre culturas, entre civilizaciones, convierte a España en un centro de mestizaje artístico. El mítico orgullo español, la fortaleza de carácter, la violencia e impulsividad se convierten en rasgos definitorios de la identidad del hombre español. Asimismo esos rasgos están muy vinculados con la idea de hombre primitivo, íntimamente conectado con sus pasiones y deseos irracionales, que tanto interés suscitó en la Francia racional de principios del siglo XX. Fue en ese momento cuando Picasso se presentó en París como personificación de ese mestizaje, de esa confluencia del ideal español y de la intelectualidad y racionalidad europea.




[1] Apollinaire, “Les jeunes: Picasso peintre” en La Plume, Paris, 1905, p. 483.
[2] Stein, Gertrude, Picasso, Madrid, 2002, p. 64
[3] Ibídem, p. 20
[4] Ibídem, p. 81
[5] Ibídem, p. 50