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miércoles, 22 de mayo de 2013

Arte comestible


      Bienvenidos una semana más al blog artístico de cocina vegetariana Vegeart. Esta semana vamos a elaborar un cuadro de Picasso, Mujer con boina y vestido de cuadros de 1937.

Tiempo de preparación: 3 horas (es un cuadro con muchos detalles)

Para ello necesitamos:
2 rebanadas de pan de molde y 2 de hamburguesa
1 manojo de espárragos trigueros
1 pimiento rojo, 1 verde y 1 amarillo
1 berenjena
1 huevo cocido
4 tranchetes de queso
2 zanahorias
3 mazorquitas
2 aceitunas negras
1 remolacha grande



     Preparación: se corta en juliana y se hacen a la plancha todas las verduras, excepto la berenjena que se emplea para la sombra de la cara cortando una parte en tiras anchas.

     Se recorta el pan con la forma de la figura (para ello nos ayudamos de un papel calco con la obra). A continuación se colocan los tranchetes siguiendo la forma del pan y poco a poco se van añadiendo las verduras con la forma que tiene en el cuadro. Es recomendable tener el modelo cerca para saber donde va cada elemento.



     Por último, nos ocupamos de los detalles más pequeños con las aceitunas y el huevo cocido. Añadimos el fondo con rodajas finas de remolacha.

     Bon appétit!

¡Un momento!¡Esto no es un blog de cocina, sino de arte!

En esta entrada quería abordar el tema de la mercantilización del arte y de cómo cambia su concepción primigenia al descontextualizarlo.

Durante el curso hemos analizado el Guernica y de como este mural (que no cuadro) ha perdido su significación original estrictamente política para convertirse, hoy en día, en un objeto más de la mercantilización del arte, al poder comprarlo impreso en una camiseta o en un imán para nevera.  

De este modo, toda obra de Picasso, al ser un mito, es susceptible de ser mercantilizada. Mediante el experimento de convertir este retrato en una receta culinaria, hemos cambiado el concepto de este cuadro, contribuyendo a su reproducción sin significado alguno.

Este lienzo fue realizado en 1937, el mismo año que el Guernica. Época convulsa, en la que España estaba inmersa en su Guerra Civil y el antisemitismo nazi crecía por momentos en Europa. Con la cotidiana presión de los acontecimientos sobre el individuo, la forma se convierte para Picasso en arte de la resistencia.

Es un momento complicado para el artista también a nivel personal; su relación con Marie-Thérèse Walter se encuentra en crisis, lo que refleja en sus obras.

Como vemos, son muchos los factores negativos que influyen en este periodo del artista, lo que dan a la obra una significación concreta, fruto del panorama político-social existente y de su complicada situación personal.  Al hacer de este lienzo una receta de cocina, le estoy despojando de todos estos elementos que son los que han conformado el cuadro, convirtiéndola en una imagen vacía, sujeta a la mercantilización y banalización del arte.

Con esta reflexión no pretendo criticar cualquier tipo de reproducción artística, sólo es un ejemplo distinto para comprobar cuantos métodos existen para retirar a una obra su carácter primigenio, siendo la producción de Picasso más sensible que otras al conformar un mito construido. 
martes, 21 de mayo de 2013
 

Picasso y “Lé Désir attrapé par la queue”

El teatro fue sobre todo desde el siglo XVII, una manera diferente y subjetiva de expresar la realidad. Sabiendo esto, no es raro pensar que Picasso escribiera una obra teatral para enmascarar la realidad que en esos tiempos se estaba viviendo en el París de los años 40.

El Deseo atrapado por la cola” o “Le Désir attrapé par la queue”, como originalmente nombró Picasso a su obra, fue escrita entre el Martes 14 de Enero de 1941 y el 17 del mismo mes en un París bajo la ocupación Nazi acaecida entre Mayo de 1940 y Diciembre de 1944. Este hecho histórico fue la mayor influencia del artista para crear su obra, ya que el tema principal de la obra, organizada en 6 actos, era una farsa surrealista y delirante sobre la ocupación Alemana y sobre las situaciones de penuria que generalmente ocasionaban los episodios bélicos en los civiles; como los sufridos también durante la Guerra Civil Española. Otro tema que Picasso quiso reflejar en la obra eran los amores y desamores de las personas; tema que seguía la propia biografía de Picasso que en esos momentos estaba empezando a apartar a Dora Maar de su vida. Como dato, cabe destacar que estéticamente la obra surrealista no gustó a Gertrude Stein, galerista cubista de Picasso, la cual expresó su indignación ante la misma.

Pero lejos de ser representada inmediatamente después de su creación, esto no se produjo hasta el 19 de Marzo de 1944 en la casa de la familia Leiris, amigos estos del malagueño. Este hecho se pudo deber a múltiples circunstancias, pero en ese mes y año, la ocupación estaba próxima a su fin gracias al desembarco de los aliados por lo que su puesta en escena ante múltiples personas importantes de la vida política y social francesa, sirvió para satirizar la ocupación y dar énfasis al fin de esta.

Entre los actores y el público que asistieron a esta representación, precedida de numerosos ensayos previos, estaban como he dicho, personajes importantes de la vida pública francesa de ese tiempo. La gran mayoría de ellos eran miembros del partido comunista Francés, aunque también había algunos filósofos y escritores, como los que formaban parte de la revista clandestina “Lettres Françaises” y editores que ayudaban a publicar la literatura anti fascista creada en estos años de guerra. Entre el primer grupo podríamos subrayar a Paul Éluard, George Huguet o Jacques Lacan y en el segundo a filósofos como Sartre. Destacaba entre los editores Jean Aubier. Entre este selecto público asistente también se podían ver las caras de algunos miembros del Musée de l’homme de Trocadero, personas y sitio de máxima importancia para su etapa cubista, y amigos de Picasso como Braque, Henri Michaux o María Casares.

Pero entre estos asistentes sobresalieron 3 personas. La primera de ellas, Max Jacob, por su ausencia. Este escritor, amigo íntimo de los primeros años de Picasso en Paris, murió en el campo de concentración de Drancy tan solo dos semanas antes de la representación de la obra y a él quiso dedicarle Picasso la primera puesta en escena colocando un retrato suyo en la chimenea de la habitación donde se estaba realizando la obra. La segunda persona fue el filósofo Albert Camus, escritor en “Lettres Françaises”, que se encargó de dirigir la obra.

La tercera persona a destacar fue, como no, un fotógrafo. Brassaï fue el que se encargó de realizar el reportaje fotográfico de los participantes y espectadores para su posterior publicación y con ello, su repercusión política y social. En la foto, datada del 16 de Junio de 1944 en el estudio del artista; en el número 7 de la rue des Grands Augustins, se encuentran de pie y de izquierda a derecha: Lacan, Cécile Eluard, Pierre Reverdy, Louise Leiris, Zanie Campan, Pablo Picasso, Valentine Hugo y Simone de Beauvoir. Sentados y de izquierda a derecha: Sartre, Camus, Michel Leiris y Jean Aubier.

 


En 1945, al librarse París de la ocupación Alemana, Picasso decidió imprimir una edición facsimilar en la editorial Galimard; edición que tuvo mucho éxito y con la que se expandió su obra al resto del mundo. Gracias a esta, la obra se representó en inglés y en el ICA de Londres en 1950 y cuatro años más tarde en Nueva York. Además se tradujo la obra al alemán y al búlgaro y se adaptó en 1988 para la televisión francesa. Más recientemente en el 2009 hubo una exposición en el círculo de Bellas Artes de Madrid, cuyo catálogo se puede consultar para obtener más información.





lunes, 20 de mayo de 2013

Reflexionemos sobre la construcción del mito y sus agentes externos en clave femenina


Un mito… ¿cómo se construye un mito? ¿Acaso es sólo cuestión del mismo o hay agentes externos que contribuyen a esa construcción? Indudablemente esta concepción no existe sin un “Otro”, que en realidad son muchos otros que contribuyen a ello. Nosotros somos “otros” al tratar en este caso el Mito Picasso, porque si no hablásemos de él, no sería un mito, caería en el olvido.

               En esta entrada quiero reflexionar sobre la cuestión del “Otro”, o más bien de la “Otra”, y es que Picasso sin sus mujeres no sería un mito, aunque le pesara. El problema radica en este uso de la otra, en un segundo plano, dejado de lado, problema inherente en la mujer a lo largo de su historia. Dejemos por un momento la figura de Picasso, para verlo con otra perspectiva abordando a una artista, en este acaso Frida Kahlo.Frida Kahlo

Frida, pintora mexicana, cuyo arte empezó a ser realmente valorado a partir de 1970,  dos décadas después de su muerte. Su figura ha sido eternamente ligada a la de su marido y también pintor, Diego Rivera, hasta el punto de que cuando buscamos imágenes de la artista, la tercera búsqueda relacionada en la web es “Frida Kahlo cuadros”, pero la primera es ocupada por “Frida Kahlo Diego”.  Lo mismo ocurre si buscamos información en la famosa enciclopedia web “Wikipedia”; seguido de su oficio como pintora, las siguientes frases se ocupan sobre su vida personal que adjunto a continuación:

“Casada con el célebre muralista mexicano Diego Rivera, su vida estuvo cruzada por el infortunio de una enfermedad infantil y por un grave accidente en su juventud que la mantuvo postrada durante largos periodos, llegando a someterse hasta a 32 operaciones quirúrgicas. Llevó una vida poco convencional, fue bisexual y entre sus amantes estuvo León Trotski. Su obra pictórica gira temáticamente en torno a su biografía y a su propio sufrimiento. Pintó unas 200 obras, principalmente autorretratos, en los que proyectó sus dificultades por sobrevivir. La obra de Kahlo está influenciada por su esposo el reconocido pintor Diego Rivera, con el que compartió su gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, inspirando a otros pintores mexicanos del periodo post-revolucionario.”


No es que esté dando como única fuente de información y exquisitamente académica a Wikipedia, pero sí nos sirve para hacernos una idea de la concepción que se tiene de la artista en este caso y del resto de mujeres artistas. No olvidemos que esta web es la más visitada de internet para buscar información y, por lo tanto, su repercusión en la sociedad es indudable.

Como vemos, parece que la obra de Frida se determina por la figura de su marido y sus circunstancias personales, no por sí misma.

Comparemos ahora la información relativa a Diego Rivera:

“fue un destacado muralista mexicano de ideología comunista, famoso por plasmar obras de alto contenido social en edificios públicos. Fue creador de diversos murales en distintos puntos del centro histórico de la Ciudad de México, así como en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, y en otras ciudades mexicanas como Cuernavaca y Acapulco, así también algunas otras del extranjero como San Francisco, Detroit y Nueva York.”

¿Acaso vemos alguna alusión a su vida personal o a Frida? En absoluto. ¿Por qué la obra de ella tiene que estar influenciada por su marido y esto no es reciproco?

Analicemos ahora mi propio lenguaje: en un primer momento me he referido a Pablo Picasso por su apellido, pero sin embargo a Frida Kahlo la he citado con únicamente su nombre. No es el único ejemplo, pensemos en como nos referimos a Diego Velázquez, Salvador Dalí y como nos referimos a Remedios Varo, Ángeles Santos y  Maruja Mallo, en el caso de esta última artista en su biografía siempre se incide en su relación con Alberti pero al analizar la biografía del poeta su relación carece de relevancia.

No debemos obviar el papel de las mujeres de Picasso, porque además de ser artistas, fueron una fuente de inspiración para él, como bien podemos comprobar en sus obras. Por ello, contribuyen de forma directa a la construcción del mito. Ellas fueron su fuente de inspiración, sus modelos y, seguramente, también sus críticas más directas e intimas.

El problema radica en que simplemente no nos damos cuenta de esto. Es hora de dar un giro a nuestras concepciones y de dar a las mujeres el papel que han tenido en la historia, en este caso la historia del arte.



               (Soy consciente del blog de las compañeras “Ellas sin Picasso”, pero me parecía relevante hacer una mención especial a su papel en la construcción de mito y el papel atribuido a las mujeres en el arte)

Picasso News

Hoy en día, la vida y sobretodo la producción artística de nuestro artista malagueño es conocida en cualquier rincón de los cinco continentes, siendo miles las copias que podemos encontrar repartidas por las principales ciudades predominantes en el panorama del arte contemporáneo. Así como centenares de libros publicados, inventarios y catálogos de exposiciones, sin olvidar las fotografías que retratan y captan peculiares e íntimos pasajes de la vida de Picasso, tal y como hemos visto en antiguas entradas ya publicadas por parte de mis compañeros. Pero, ¿cómo en cuestión se ha fraguado este éxito a lo largo del tiempo?, ¿fue igual en vida?, y ¿de qué modo se ha mitificado?
Para responder estas preguntas debemos remitirnos a las fuentes, y porque no a la prensa escrita, fuente documental que en algunas ocasiones es olvidada en la historiografía moderna. En esta entrada y de forma muy significativa quiero dejar constancia de la aparición y presencia de Pablo Picasso en los medios de comunicación de masas, ya no solo a nivel nacional sino también internacional, queriendo de esta manera reflejar la proyección de su figura hacia la cima de un arte de vanguardia.
 




Uno de los ejemplos más significantes y que más ha suscitado mi atención, ha sido uno de los artículos realizados en el Life Magazine. El fotógrafo Robert Capa visitó el 2 de Septiembre de 1944 a Picasso, dos semanas después de la Liberación,  en su estudio en París. En el artículo se afirma que Picasso abría su estudio al público todos los días a las 11 de la mañana, siendo visitado por amantes del arte y por leales soldados españoles que apoyaban al ejército de la Francia Libre.
                                 

Por otro lado la revista LOOK es una publicación bimestral, de gran circulación, publicando en los Estados Unidos desde 1937 hasta 1971, el contenido se centra más en las fotografías de los artículos. En este caso Capa fotografió a Picasso, a su esposa Françoise Gilot y a su hijo Claude en la casa de la playa de Golfe-Juan, en agosto de 1948. El artículo que fue publicado en 1949 consta de 15 imágenes también estando presente la figura del fotógrafo húngaro Robert Capa. En dicho escrito no queda duda la intención que se quiere reflejar, otorgando al artista un carácter de hombre familiar y paternalista responsable que compatibiliza sus vacaciones de verano con su insaciable producción artística.
 
Posteriormente y dando un repaso a la hemeroteca he hallado uno de los últimos reportajes escritos mientras Picasso estaba en vida. Se trata de una retrospectiva  de toda su obra y el estado en el que se encontraba en ese momento el artista. Fue publicado en el año 1971, dos años antes de su fallecimiento, por Henry Miller, uno de los biógrafos que han determinado la trayectoria artística en el mercado del arte de nuestro protagonista.  En ella aparecen curiosas instantáneas en el que ya el maestro se encuentra desgastado pero que sigue manteniendo su mirada enigmática, una máscara añadida hasta el día de su muerte.
 
Es obvio con estos tres ejemplos que la proyección al estrellato de sus obras fue acusado ya en su madurez pero que continuó hasta el final, perviviendo incluso hoy en día hasta nuestros días en diversas publicaciones y artículos, pero en este sentido están más relacionados con futuras exposiciones picassianas que con aspectos de su vida y obra. La prensa de este modo se convirtió para Picasso en un aliado incomparable en el marco internacional.

 
sábado, 18 de mayo de 2013

"Cézanne, mi solo y único maestro"



     “¡Si conoceré yo a Cézanne! ¡Ha sido mi solo y único maestro! Aciertan ustedes si piensan que he analizado a fondo sus lienzos… He pasado años estudiándolos… ¡Cézanne! Era como el padre de todos nosotros. El era quien nos protegía…”[1] Con esa convicción expresaba Picasso el profundo vínculo que compartía con el pintor francés cuya fama y prestigio había aumentado progresivamente en los años posteriores a su muerte.


      Aunque antes de su muerte a Cézanne ya se le adjudicó una sala de exposición propia en el Salón de Otoño de 1905, fue tras    su fallecimiento en 1906 cuando se empezó a valorar su obra. Su primera exposición individual se produjo ese mismo año, en la Galería Bernheim Jeune, y en el Salón de Otoño de 1907 tuvo lugar una gran retrospectiva, que coincidió con la publicación de su correspondencia con Émile Bernard.


      Desde esos primeros momentos, se hace evidente el deseo que Picasso mantuvo durante toda su vida de vincularse al artista francés. Incluso intentó, en numerosas ocasiones, lograr la aprobación de Ambroise Vollard, quien había sido galerista de Cézanne.

     Picasso siempre creyó mantener una profunda conexión con el maestro francés, conexión que iniciaba con la identificación de sus propios nombres. Picasso convirtió a Cézanne en su maestro, en una figura paternalista que, a través de su propia experimentación, habría iniciado el cambio hacia una nueva experiencia estética. Vinculándose a Cézanne, Picasso intentaba introducirse dentro de la estela cezanniana y encontrar un punto de apoyo a partir del cual               desarrollar su propia experimentación.


     Cézanne organiza la composición de sus cuadros creando una perspectiva ambigua, lo que Merleau-Ponty denomina la “perspectiva vivida”, real, que cambia cuando el ángulo de visión del espectador varía. De esta forma, Cézanne eliminaba la noción tradicional de la perspectiva única y plasmaba “la suma de perspectivas de una escena que se habían acumulado en su subconsciente durante mucho tiempo”. En el caso del Picasso cubista, ese distanciamiento con respecto a la perspectiva única, le lleva a desarrollar la simultaneidad espacial que no es sino un paso más en la representación de la realidad.
                             
 Picasso, Composición con calavera, 1908 
          
Cézanne, Naturaleza muerta con cráneo, 1896-98

     En ese sentido, Picasso y Cézanne también comparten ciertas similitudes con respecto a su concepción de la pintura y, sobre todo, con respecto a su valoración de la actividad pictórica. Ambos artistas juegan con la idea del pintor como creador solitario, prefieren el diálogo directo y privado con la obra. Es conocido que Cézanne no permitía a nadie el acceso a su taller mientras pintaba y Picasso va a adoptar ciertos rasgos de ese ritual de la creación pictórica.
    Pese a sus similitudes, mientras que Cézanne empleaba una forma de trabajar más reflexiva y pausada, Picasso siempre prefirió la espontaneidad, la inmediatez y la improvisación, nociones que se reforzaron en sus relaciones con el Surrealismo. Cézanne era un pintor reflexivo, tardaba numerosos días en finalizar sus cuadros, su proceso de creación era tan pausado que en muchas ocasiones, mientras pintaba, presenciaba la putrefacción de la fruta que empleaba en sus bodegones. En Picasso siempre está presente la idea de improvisación, de cambio. La obra cambia conforme la ejecuta, tal y como se puede observar claramente en las fotografías que documentan la creación del Guernica. En ese caso, el pintor introduce modificaciones sobre el mismo mural, modificaciones que hablan de una obra en constante movimiento, en constante cambio, en constante evolución.

     En conclusión, pese a sus diferencias, es evidente que Picasso admiró siempre la obra de Cézanne e intentó adoptar el papel de sucesor del gran maestro francés. No podemos saber si fue fruto de su deseo de aprovechar la estela de Cézanne para lanzar su propia carrera artística o fruto de una sincera admiración por el artista francés, seguramente ambas opciones tuvieron un peso importante en la decisión de Picasso de mantenerse siempre tan cercano a la figura de Cézanne.



[1] Brassaï, Conversaciones con Picasso, Madrid, 1966, p. 108

martes, 14 de mayo de 2013

1937 – 1945: la guerra, un conflicto.


Por supuesto, la guerra es un acontecimiento trágico para todos. Es un conflicto que cada uno vive de diferente forma. Este hecho marca a todo individuo. Picasso va a expresar su propia experiencia de la guerra a través su pintura. Para el pintor, la pintura se convirtió en  una forma de evasión. Picasso dirá: “Je n’ai jamais considéré la peinture comme un art de simple agrément, de distraction. J’ai voulu par le dessin et par la couleur, puisque c’était la mes armes, pénétrer toujours plus dans la connaissance du monde et des hommes, afin que cette connaissance nous libère toujours d’avantage”.


El cuadro que más lo refleja es, evidentemente, el famoso Guernica, hecho durante la guerra civil de España. Picasso, aquí, no pintó más la actualidad histórica sino la intemporal eternidad del sufrimiento. El testimonio ocular cede aquí a la reacción subjetiva del artista. El cuadro no es tan un reflejo histórico y si el efecto de ese acontecimiento en la mente de Picasso. La experiencia aplastante de la guerra y las tensiones invitan a Picasso a reconquistar temas que lo hacen salir de sí mismo.


Retomando los bocetos elaborados por el grupo de la madre y su hijo en la esquina izquierda del cuadro, Picasso pinta en Octubre  de 1937 la Mujer que llora. El tema contemporáneo del dolor se resume aquí en un estudio de la cabeza en primer plano. Existe un cierto contraste entre el primer y el segundo plano, destacando en el centro un coqueto sombrero de mujer con la superposición de perfiles del rostro y anteponiendo un pañuelo ofreciendo una metáfora del dolor. En su desgarro, la mujer muerde en ese pañuelo, que recibe el mar de lágrimas corriendo de sus ojos. Las uñas, conforman ellas misma el aspecto de lágrimas. El drama del sufrimiento estalla así en la oposición del rostro y del motivo del pañuelo.


En París, bajo la ocupación nazi, Picasso pintó su Nature morte au crâne de taureau. Una atmosfera de las más severas, definida por una mesa y una ventana dando en una oscuridad indefinible. Atrae la atención sobre los huesos y las cavidades profundas del cráneo. Picasso pintó este cuadro el día en el que conoció la noticia de la muerte de su amigo Julio González. El dolor exprimido por el lienzo entonces puede ser explicado a un doble nivel: por un lado la tristeza pensando en su amigo fallecido y por otro la desesperanza del pintor provocada por la situación del periodo.  

Con Charnier en 1945, Picasso cierra el paréntesis abierto con el Guernica. La extrema sencillez de los colores y la composición central en triangulo ofrecen a primera vista un paralelismo. Pero la realidad, ahora, se ha unido a la visión. El cuadro está hecho bajo la impresión de los reportajes consagrados a los campos de concentración liberados. Fue un tiempo en el que millones de personas fueron literalmente acumuladas bajo la mesa, como Picasso lo enseña en el amontonamiento de esqueletos del lienzo.
 
 
Con la destrucción de las formas y el martirio sufre por los personajes de sus cuadros, Picasso quería traducir su propia visión de la guerra y traducir su estado de alma durante este periodo. Necesitaba expresar su visión a través de su pintura para exteriorizar sus sentimientos. Charnier es el único cuadro en el que Picasso representa los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero toda su obra contemporánea lleva la marca de esa. Muchas de sus obras de la época están cargadas de sufrimiento y enseñan la desgracia universal y la muerte que impresionaba en cualquier rincón del mundo. Es evidente que la guerra fue un acontecimiento que perturba y marca a Picasso en sí mismo y en su arte, aunque el artista no quería admitir que los acontecimientos habían influidos de cualquiera manera a su pintura: Je n’ai pas peint la guerre parce que je ne suis pas ce genre de peintre qui va, comme un photographe, à la quête d’un sujet. Mais il n’y a pas de doute que la guerre existe dans les tableaux que j’ai fait alors. Plus tard peut-être, un historien démontrera que ma peinture a changé sous l’influence de la guerre”.
 
Ingo F. Walter, Pablo Picasso, 1881-1973, le génie du siècle, Taschen, Paris, 1987.
Anne Baldassari, Dominique Dupis-Labbé, Colette Giraudon, Brigitte Léal, Hélène Seckel, L’ABCdaire de Picasso, Flammarion, Paris, 1996.
 
jueves, 9 de mayo de 2013

Ultimas exposiciones fotográficas de Picasso

Como expuse en mis entradas anteriores, Picasso sabía del poder que podía ejercer la fotografía en la creación de una imagen determinada. Así, este utilizó los fotógrafos para crear la suya propia según sus designios. Gracias a ellos Picasso pudo crear alrededor suyo una imagen de genio. Imagen que, todavía hoy, se sigue alimentando gracias a las exposiciones que se realizan sobre las fotos que estos tomaron. Veremos ahora lo que nos dejaron algunas de las últimas que se han hecho.

Douglas Duncan. Picasso en la bañera. Cannes. 1956
La gran mayoría de ellas se centran en la perspectiva que nos da un solo fotógrafo. Exponiéndose las fotografías claves en la relación entre ambos y con respecto a la vida de Picasso. Es el caso por ejemplo de la primera fotografía que le toma David Douglas Duncan en 1956, que ahora se ha convertido en icónica y que apareció en la exposición Picasso crea. A través de la cámara de David Douglas Duncan que el Museo Picasso de Málaga realizó entre Junio y Septiembre de 2011.



La relación entre fotógrafo y fotografiado, suele ser de amistad ya que eso le permite al malagueño tener un mayor control de las tomas al estar más asiduamente en contacto con los fotógrafos. No solo fue Douglas sino también otros fotógrafos como Man Ray, Brassaï, Avedon, Cartier Breson, Edward Quinn o André Villiers quienes acabaron formando parte en la vida de Picasso y cuyas tomas se ven expuestas en estas exposiciones.

Como a Douglas, a Edward Quinn también se le dedicó una exposición en solitario. Esta se realizó en la Monika Mohr Galerie de Hamburgo entre Junio y Octubre de 2012 y se pudieron ver fotografías sobre la familia de Picasso, sobre Picasso vestido de torero o las que aparecieran en el documental El Misterio Picasso.


Lee Miller. Caso de quemaduras graves. Normandia. 1944
Algunas de las exposiciones realizadas, se complementaban con obras reales de Picasso que aparecían en las fotografías o con algunas otras tomas de estos fotógrafos, aunque no tuvieran nada que ver con Picasso, para que el espectador entendiera la importancia del mismo. Como ejemplo del primer caso, habría que destacar otra vez la exposición sobre las fotografías de Duncan que se realizó en el Museo Picasso de Málaga en 2011, donde se expusieron 75 obras de Picasso que aparecían entre las 115 fotografías expuestas, y como ejemplo del segundo caso, la exposición Lee Miller. Picasso en privado que se organizó en 2007 en el Museo Picasso de Barcelona. En esta exposición aparecían tomas de la fotógrafa como corresponsal en la II Guerra Mundial.
 
Caso aparte es la exposición itinerante que tuvo lugar entre los museos Ludwich de Colonia, Picasso de Málaga y el museo für Kunst ud Gewerbe de Hamburgo entre Septiembre 2011 a Enero 2012, Marzo 2012 a Junio 2012 y Julio 2012 a Octubre 2012 respectivamente. En ellos se exhibieron las principales fotografías, 166 en total, de 34 fotógrafos distintos, cada uno con una temática diferente relacionada con Picasso. Gracias a estas tres exposiciones, se pudo ver la caracterización psicológica de nuestro protagonista en sus distintas épocas y que sirvieron a los asistentes como una foto-biografía de su icono.
 
Para terminar, destacar las exposiciones de 2006, 2008 y 2012 dedicadas a las fotografías sobre Picasso de Roberto Otero en el Museo Picasso de Málaga. A la derecha, la fotografía que este le hizo en Notre-Dame-de-Vie en 1964 junto a "El Pintor". Ambos se conocieron en los últimos años de vida del español en Mougins, por lo que las fotografías tomadas, y expuestas, son de estos momentos; donde también va a aparecer con sus amigos Rafael Alberti y Pallarés. También, como en el caso anterior, hay fotografías de sus obras, pero en este caso el fotógrafo realizó varias tomas de un mismo instante, lo que nos muestra una perspectiva diferente que nos permite ver narrado el momento fotografiado. Es de destacar que las tres exposiciones se hicieran una vez el museo había adquirido en 2005 el fondo fotográfico del autor. Roberto Otero, tuvo también en 2008 una exposición sobre sus fotografías de Picasso en el IVAM.