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Mostrando entradas con la etiqueta Gertrude Stein. Mostrar todas las entradas
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jueves, 23 de mayo de 2013
Máscara- personaje/ identidad- maquillaje
En esta
entrada veremos una forma distinta a la de Picasso de construir una máscara. Analizamos
por lo tanto a la artista fallecida Maruja Mallo (Lugo 1902-Madrid 1995). Esta pintora
conforma la antítesis de Picasso; mujer liberada, feminista, trotskista pero
anticomunista debido al régimen estalinista, comprometida con la causa
republicana.
Como vemos de
su personalidad, poco guarda en común con el pintor malagueño, machista y
comunista oportunista, estableciendo como lazo común su rechazo al fascismo y
su vocación de artistas.
Mallo, a
diferencia de Picasso, volvió a España con la democracia y con ansias de
cambio, a un país que la tenía olvidada por lo que tuvo que hacerse un hueco en
el panorama mediático y artístico para salir adelante. De una de sus
entrevistas extraemos el fragmento para esta entrada:
Personalidad fuerte y peculiar, (Antonio Bonet la compara con Gertrude Stein en su modo de hablar), vemos como se construye su propia máscara en este caso física que esconde el personaje real, juega entre el personaje y su obra. Transporta los personajes de sus verbenas a su propia figura, acentuando sus facciones para potenciar la construcción de su personaje.
Del mismo modo
que Mallo comenzaba su “función” cuando se maquillaba, podríamos decir que Picasso
tenía este maquillaje siempre puesto, grabado en la piel, para no dar ningún paso
sin su análisis mediático. Una forma más sutil pero también evidente de la
elaboración de un pastiche de los medios de comunicación y por lo tanto
industrializado.
Etiquetas:Gertrude Stein,identidad,maquillaje,Máscara,personaje | 0
comentarios
lunes, 1 de abril de 2013
La importancia de ser español
Retomando lo comentado por mi
compañero, Picasso siempre fomentó su imagen de español. Tanto él como su
círculo más cercano incidieron mucho en la cuestión de sus orígenes y la
influencia de éstos en su obra. El típico “carácter español”, concebido a
partir de estereotipos y un imaginario de corte romántico, va a servir al
artista español para añadir excentricidad a su obra y a la imagen de sí mismo
que tanto esfuerzo dedicó a construir.
En este sentido no sólo destacan
las propias actuaciones del artista para identificarse con el prototipo de
hombre español sino también las aportaciones de algunos de sus contemporáneos.
En su artículo de La Plume, Apollinaire incide en esa idea
de “lo español” como un rasgo primordial y característico del Picasso artista, recurre
a esa tradición andalusí para añadir un mayor exotismo a los orígenes y al
carácter del artista: “Viene de lejos, de las riquezas de composición y de la
decoración brutal de los Españoles del siglo XVII. […] Él mismo se ve más
latino moralmente y más árabe rítmicamente.”[1]
De forma similar, Gertrude Stein,
en su libro Picasso, habla de “lo
español” como algo que formaba parte del artista, que influía en todos los
aspectos de su vida y obra. Stein habla de una influencia cultural, moral,
psicológica… que se reforzaba durante sus estancias en España y se difuminaba mientras
el artista permanecía en París Aunque Picasso residiera en París
fundamentalmente, eran sus viajes a España los que provocaban que “el
temperamento español se adueñara otra vez de él”, como afirma la propia autora.
Cuando Stein habla de esas etapas de distanciamiento con respecto de “lo
español” lo denomina así,
distanciamiento que no abandono o rechazo. No, para Stein ese carácter español va
a ser una de las condiciones gracias a las cuales Picasso se habría convertido
en uno de los grandes artistas del siglo XX. Stein afirma que tenía que haber
sido necesariamente un español y no otro quien lograra desarrollar el cubismo:
“Los españoles saben que no existe la
concordancia, ni del paisaje con las casas ni de lo redondo con el cubo, ni de
lo mucho con lo poco, y es natural que fuera un español quien lo expresara en
la pintura del siglo XX, el siglo en el que nada concuerda, ni lo redondo con el
cubo, ni el paisaje con las casas, ni la cantidad grande con la cantidad
pequeña.”[2]
En este sentido, el tratamiento
del estereotipo de “lo español” en Stein se vincula con dos aspectos: por un
lado, con la tristeza y la monotonía del colorido que, según la autora,
impregnan el paisaje español:
“España no
tiene nada de sureño, es oriental, las mujeres suelen vestir más a menudo de
negro que de colores, la tierra es seca y de color oro, el cielo es de un azul
cercano al negro y también las noches estrelladas son negras o de un azul muy
negro, y el aire muy luminoso, así que todo está dominado por el negro.”[3]
Y, por otro lado, con ese
exotismo islámico, ese encuentro pacífico y simbiótico de Oriente y Occidente. “Por
supuesto que él es español, y un español puede asimilar Oriente sin imitarlo,
puede conocer lo árabe sin dejarse seducir, puede repetir lo africano sin
dejarse engañar.”[4]
Stein trata de lo peculiar de la
visión de Picasso, de esa nueva mirada como si se tratara de algo ajeno a lo
europeo y propio de lo español. Incluso recurre a la tradición quijotesca para ejemplificar
ese mirar excepcional que busca expresar las cosas según una visión personal,
individual, como contraposición a la representación de una visión universal. Stein
vincula esa visión española con la estadounidense al afirmar que ambas naciones
comparten ciertos rasgos como el no necesitar “de la religión o el misticismo
para no creer en la realidad como la conoce el mundo, si siquiera cuando la
ven. Para ellos la realidad no es real, y por eso existen los rascacielos y la
literatura estadounidenses, así como la literatura y la pintura españolas.”[5]
Esa mirada común habría unido las dos naciones y justificado la admiración que
la obra de Picasso suscitó al otro lado del Atlántico.
En conclusión, la Europa de
principios del siglo XX mira a España desde un prisma singular. Ese ideal de
convivencia entre culturas, entre civilizaciones, convierte a España en un centro
de mestizaje artístico. El mítico orgullo español, la fortaleza de carácter, la
violencia e impulsividad se convierten en rasgos definitorios de la identidad
del hombre español. Asimismo esos rasgos están muy vinculados con la idea de
hombre primitivo, íntimamente conectado con sus pasiones y deseos irracionales,
que tanto interés suscitó en la Francia racional de principios del siglo XX.
Fue en ese momento cuando Picasso se presentó en París como personificación de
ese mestizaje, de esa confluencia del ideal español y de la intelectualidad y
racionalidad europea.
[2] Stein, Gertrude, Picasso, Madrid, 2002, p. 64
[3] Ibídem,
p. 20
[4] Ibídem,
p. 81
[5] Ibídem,
p. 50
Etiquetas:carácter,España,español,Gertrude Stein,imagen | 1 comentarios
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